jueves, 30 de abril de 2009

Clint Eastwood o la consagración del tótem



Fui a ver “Gran Torino”, la última película estrenada de Clint Eastwood (la última que ha rodado, “The Human Factor”, ambientada en la Sudáfrica inmediatamente posterior al apartheid, llegará a las salas estadounidenses a lo largo de este año), con cierto retraso. Desde hace bastante tiempo, acudo sistemáticamente a la llamada de todas las obras de este director, uno de los pocos americanos actuales que no suele defraudarme. Incluso en sus películas menos logradas está presente el latido rotundo de la puesta en escena, hay una mirada sobre el mundo, un dominio en la duración del plano, un espléndido clasicismo que reclama con dignidad el legado de Ford y de Hawks, entre otros. Esto ocurre, como digo, hasta en sus películas menos logradas: y repito esto último porque en efecto encuentro que en su filmografía, junto con un puñado de obras que adoro (no soy muy original al señalar aquí “Bird”, “Cazador blanco, corazón negro”, “Sin perdón”, “Un mundo perfecto”, “Medianoche en el jardín del bien y del mal” o “Million dollar baby”) hay otras que encuentro mucho menos interesantes (de las que sólo nombraré “Mystic River”, y lo hago porque en esto sí que disiento de la mayor parte de la crítica). Sobre la reciente “El intercambio” ya escribí en una entrada anterior de este blog, así que podéis comprobar mi opinión pinchando aquí.



Lo que en esta ocasión retrasó mi comparecencia ante la cita con Eastwood era el argumento mismo de la película, centrado en un solitario y crepuscular misántropo que tiene sus más y sus menos con su vecindad asiática, y que alcanza la redención por sus antiguos pecados gracias precisamente al cruce en su vida de una familia de dicho origen. Detesto este tipo de historias o, siendo más preciso, detesto cómo suelen ser contadas. El guión de “Gran Torino” no se aparta demasiado de los espeluznantes lugares comunes del género (pasado bélico del protagonista, jovencito tentado y después agredido por los chicos malos armados, familia antipática que despierta la ira del patriarca proponiendo su internamiento en una residencia, innecesaria revelación última del pecado original, sacrificio redentor; hay incluso un cura de por medio, que me temo resulta aún más repelente de lo que los autores pretenden), pero gracias a la doble prestación de Eastwood como director y actor protagonista la cinta no me disgustó del todo. Sobre su labor como director, me remito a lo explicado en el primer párrafo de este texto: en particular, encuentro admirable la maestría de Eastwood para crear una atmósfera, lograda a través de la composición de unos planos a los que se deja respirar y ofrecer la máxima capacidad expresiva.



En cuanto al Eastwood intérprete, debo decir que en esta ocasión se convierte en el factor determinante del interés de la película. Sus hiperbólicos gruñidos de perro guardián, sus mímicas faciales que más que del western parecen salidas de una novela gráfica (léase cómic) de Frank Miller, sus escupitajos al suelo, nada tienen que ver con la escuela minimalista a la que asociábamos al protagonista de “Por un puñado de dólares”, y en esta sorpresa radica toda la felicidad proporcionada. La caricatura del héroe totémico que se lleva a cabo ante nuestros ojos constituye una operación delicada y audaz, no al alcance de cualquiera: pocos como Eastwood podían salir de ella con su imagen no ya intacta, sino incluso reforzada. Después de la prueba de fuego, sabemos que su personaje del justiciero solitario, esculpido película tras película para ser duramente cuestionado en esta última, pertenece a la limitada galería de los tótems sagrados del cine.



Una nota obligada sobre la voz del héroe: la dicción suave y ronca de Clint Eastwood no puede ser más distinta de la de su doblador habitual en castellano, Constantino Romero, con la que en España se lo suele asociar. Más incluso que en otras ocasiones, resulta obligado disfrutar de su trabajo en versión original: de lo contrario, se perderá irremisiblemente gran parte del encanto de esta interpretación rara y seductora, única en su género.

4 comentarios:

Javier dijo...

ianko siento decirte que no estoy de acuerdo contigo.

estuve a punto de salirme del cine al comprobar una película desde el primer plano (un gruñido como de walt disney) tan previsible en todo.
clint me parece previsible hasta la nausea y hacedor de un cine de corta y pega sin aportar nada, esas historias de redencion y culpa, un bluff en el que se reserva siempre ese papel autobiografico y falso, exagerado y tópico.
si hablamos de cine cine, de uno a diez, ¿donde esta esto?. si orson w. o coppolla han construido dieces, ¿donde situarias a clint?, creo que no pasaría la prueba...espero mas del cine

Pano L dijo...

Me agrada comprobar que mis comentarios generen debate. Mejor aún si los lectores no están de acuerdo conmigo: me gusta la divergencia de opiniones.
No soy partidario de proporcionar a las películas o directores notas en escalas numéricas: no puedo evitar que el ejercicio me resulte reduccionista. Welles o Coppola son grandes directores, pero aparte de eso, y de ser americanos, tienen bastante poco que ver estilística y temáticamente con Eastwood. De Welles me gusta casi todo. De Coppola, muchas cosas, incluida "Corazonada", que fue bastante masacrada por la crítica cuando se estrenó.
Coincido contigo en que "Gran Torino" está llena de tópicos y exageraciones. Lo segundo no me parece necesariamente malo, lo primero sí. También pienso que la redención y la culpa son temas sobreexplotados. Por eso "Gran Torino" no me apasionó. Pero, sin embargo, la caricaturesca interpretación de Eastwood sí me pareció espléndida, llena de magnetismo y fuerza cómica. Pura hipérbole. Por otra parte, algunas secuencias (como la visita a la celebración familiar en la casa de los vecinos orientales) me parecieron maravillosamente rodadas. Este talento gramatical y expresivo, que encuentro tan raro en el cine americano actual (cuando ha sido patrimonio del cine estadounidense hasta hace muy poco) me fascina y me reconforta, incluso cuando se aplica a historias tan banales y manidas como la que tenemos en este caso.
Entiendo tus pegas hacia la película, pero la acusación de escasa originalidad en la labor del director que me parece deducir de tu escrito me parece injusta: creo que, sobre todo, Eastwood ejecuta un buen trabajo con material de derribo, y eso ya es mucho.
¡Y gracias por el comentario!

Thornton dijo...

Acerca del comentario de javier, me gustaría que me dijese cuanto lleva francis ford coppola sin hacer algo decente (aparte de producir a su hija, su ultima pelicula fue legitima defensa y su ultima gran pelicula fue dracula). Me parece que actualmente no hay ningún director capaz de grabar en tan poco tiempo, con tanta sobriedad y elegancia como lo hace clint eastwood. Desde Francis Ford Coppola hizo Dracula, Clint Eastwood ha realizado, entre otras, Sin Perdón, Un Mundo Perfecto, Medianoche en el Jardín del Bien y del Mal, Mystic River, Million Dollar Baby o Cartas desde Iwo Jima. ¿Quién es capaz de decirme que la mitad de estas películas no son obras maestras?

"...hacedor de un cine de corta y pega sin aportar nada..." no se que quiere decir. Javier, si te refieres a la poca originalidad, creo que nadie ha tratado con tanta crudeza, sencillez y sin herir visualmente como él el tema del abuso a menores, nadie ha escrito el punto y final al género del western o ha tratado la guerra como nunca antes la había tratado antes en su díptico acerca de la guerra en el Pacífico.

Quizás esas historias de redención y culpa se acercan demasiado al cine de Ford, quizás. Si tengo que comparar a John Ford con Welles, en fin. John Ford esta fuera de toda comparativa en el Hollywood clásico, al igual que Clint Eastwood lo está en el Hollywood actual.

Pano L dijo...

Gracias, Thornton. Estoy esencialmente de acuerdo contigo. Y con Gilles Jacob, director del Festival de Cannes, que ha publicado un libro sobre sus años de gurú del événement, en los que alaba a Eastwood sin dobleces.