miércoles, 4 de agosto de 2010

Clasificaciones


En una entrada anterior de este blog manifestaba mi admiración por los directores ascetas, los que emplean los mínimos recursos consiguiendo el máximo de expresividad, y en los que el más minúsculo movimiento de la cámara parece poseer un significado descomunal.

Creo, en realidad, que hay tres tipos de directores de cine. Están los narradores, los poetas y los ascetas. En realidad, cualquier director tiene algo de las tres tipologías, ya que toda película debe aspirar a contar algo, que no existe cine sin poesía, y que en el cine todo lo que no aporta sobra. Pero casi siempre resulta sencillo encontrar en los verdaderos autores el factor predominante de un estilo propio. Allá va el ejercicio:

•Los narradores: se trata de los cineastas que utilizan sus recursos con el fin prioritario de contar la historia que tienen entre manos. Así, cada plano procurará ofrecer, explícita o subliminalmente, toda la información necesaria para que la narración avance y sea inteligible, y además –en la mayor parte de los casos- para sorprender al espectador sin darle respiro. El elemento de la progresión dramática resulta esencial. Estos autores suelen partir de guiones de hierro, cuyos dispositivos refuerzan con una puesta en escena tan firme como creativa. Situaría en esta casilla a François Truffaut, Howard Hawks, Orson Welles, Akira Kurosawa, Luchino Visconti, George Cukor, Billy Wilder, Fassbinder, Fritz Lang o Mankiewicz. De entre los actuales, aunque muy distintos entre sí, creo que Eastwood, Téchiné o Almodóvar son buenos ejemplos de esta corriente.

•Los poetas: ejecutan un cine de lo inmaterial, en la que la imagen recoge precisamente conceptos y sugerencias abstractas que escapan a lo puramente narrativo. Consiguen ensamblar idealmente lo emocional y lo intelectual. El misterio, lo inexplicable, lo filosófico o lo mítico poseen mayor relevancia para ellos que para el resto. Estarían aquí Tarkovski, Dovzhenko, Satyajit Ray, Max Ophüls, Jean Vigo, Jean Renoir, Kenji Mizoguchi o Murnau. Entre los actuales, podríamos señalar por ejemplo a David Lynch, Wong Kar-Wai o Lars Von Trier. También la mayor parte de lo que ha hecho Coppola, incluída su reciente y poco comprendida “Tetro”.

•Los ascetas: como he indicado antes, en ellos cada elemento de la puesta en escena parece poseer un peso descomunal que se hace evidente en el plano. Todo lo que figura en el encuadre está cargado de significatividad, puesto que el director controla hasta el mínimo detalle que recoge la cámara, no permiténdose la entrada de elementos improvisados. Los movimientos de cámara suelen ser escasos, o bien estar planificados con un rigor extremo. Precisamente por todo esto, en ocasiones son los que logran condensar en sus imágenes una mayor carga emocional (aunque también pueden resultar los más fríos del mundo, según el caso). El estilo, la pura forma, resulta fundamental, incluso cuando éste se pretende transparente para el espectador. El más grande de todos los ascetas es para mí Dreyer, y junto a él estarían John Ford, Robert Bresson, Yasujiro Ozu, Stanley Kubrick o Hitchcock. O, entre los que se encuentran en activo, Abbas Kiarostami, Aki Kaurismäki, Víctor Erice y Manoel de Oliveira.

Como indicaba antes, los tres elementos figuran en cualquier director que se precie, aunque casi siempre se da una predominancia más o menos clara que permite la clasificación. Curiosamente, esto no me queda tan claro en mis dos directores favoritos, Luis Buñuel e Ingmar Bergman. El primero comenzó como un poeta, realizó la mayor parte de su carrera como un narrador y terminó siendo sobre todo un asceta, precisamente cuando contaba con mayores presupuestos y más libertad creativa. En todo caso, narración, poesía y sobriedad plástica nunca abandonaron su estilo. El segundo creo que es una fusión perfecta –y rarísima- de poesía y ascetismo, que casi podría dar lugar a una nueva categoría en la que se encontraría prácticamente solo.

Luego hay una cuarta clasificación, que resulta con diferencia la más nutrida de todas. Es la de los malos directores, que no son ni narradores, ni ascetas, ni poetas, ni ninguna otra cosa en realidad. Pero para qué molestarse en hablar de ellos, ¿no os parece?

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