jueves, 22 de enero de 2009

E. Sourrouille en Artium: la inauguración

Foto de grupo en una de las salas, por Ignacio Goitia. Las jirafas nos ayudaban a evitar el desparrame


Como prometí en un texto anterior (justo antes de que el gran Maurice Pialat se inflitrara descaradamente), vuelvo sobre la exposición que el Artium de Vitoria dedica al artista Eduardo Sourrouille hasta el 19 de abril. Realizaré en primer lugar lo que viene a ser una crónica de sociedad de las de toda la vida, con sus negritas y todo, describiendo la inauguración del pasado viernes.


Antes que nada, y a modo de resumen, diré que dudo que el Artium haya asistido a una fiesta similar en todos sus años de vida. Porque una fiesta y no otra cosa fue lo que allí se organizó. Quedó demostrado que Sourrouille (aparte de otras cosas sobre las que también hablaré próximamente) es un artista con gancho popular. No sólo asistió al evento el público local, la esperable amalgama de autoridades, entendidos en arte, modernos, curiosos sin otros planes y demás, sino también otras personas venidas de fuera. No me refiero a mí, que llegué con el tiempo justo desde Madrid. Había también un nutrido grupo que habían sufragado el alquiler de un autobús de ida y vuelta entre Bilbao y la capital alavesa. El autobús traía, además de los bilbainitos de pro, unos cuantos parisinos, e incluso algún ovni recién llegado de la comunidad gallega. Bilbao, París y Pontevedra. Todo muy cosmopolita, no me digáis.


Artistas, críticos de arte, galeristas, familiares y amigos del propio Sourrouille… Gran parte de ellos, además, comparecían por partida (al menos) doble, ya que sus retratos formaban parte de la muestra. Antes de seguir, tomo aire: allí estaban, entre muchos otros, José Antonio, Juan Antonio, Aitor, Soraya e Iñigo Sourrouille, Ignacio Goitia, Oscar Achútegui, José Luis Vicario, Richard Corpas, Manu Arregui, Miguel Angel Gaüeca, Eduardo García Nieto, Itxaso Mendiluze, Elssie Ansareo, Rita y Raquel Emperador, Carlos Basauri, Cristina Palacios, María José López de Aranaz, Carlos Rui-Wamba, Miriam Ocariz, Valentina Miguel, Ana Ocariz, Sira Cornejo Saenz de Ibarra, Juana García-Pozuelo, Ainhoa, Susana y Ana Bazterrica, Ana Marcos, Carlos y Marta Iturrigane, Julio Prieto, Fran Ugarte, Iñaki Cuesta, Montse Zabala, Ana Beascoa, Patxi Ortún, Lourdes Madow, Andrés Iglesias, Rafa Ramos, Román Padín, Alicia Fernández, Garikoitz, José Antonio Lastra, Isabel Medinabeitia, Jose Abrisketa, la gran Leti Fersal (y su chico, Ander), Edorta Apellaniz, Charo Garaicorta y los galeristas Luis Adelantado, Fernando Zamanillo y José Luis Nuble. No faltó tampoco la Mujer Gato, presencia impagable en ocasiones como ésta, empeñada en salvarnos a todos de la gente perra (qué ingenuidad, la suya). El côté París estaba representado por los interioristas Michael Coorengel y Jean-Pierre Calvagrac (hechos unos figurines, como acostumbran), junto con Carmina (propietaria de Anahí, el restaurante donde hay que estar hoy en día en la capital francesa), Ermanno Piraes (responsable de comunicación de Fendi) y Christophe (Yves Saint-Laurent).


No todos los mencionados tenían su correspondiente retrato, aunque sí la mayoría de ellos. Así que el resto del público podía entretenerse jugando a identificar la correspondencia entre la persona real que se movía entre las distintas salas que ocupaba la expo y su fotografía colgada en las primeras estancias. ¿Estarán por aquí esos tipos desnudos que empujan una silla de ruedas? ¿Y el gentleman indolentemente subido en un columpio? ¿Quién será esa mujer cardada que trepa por una escalera? ¿Cómo será el rostro del chico que se esconde detrás de una máscara decorada con bigotes, boca y ojos pintados? Quizá por eso había más concentración de gente en las salas dedicadas a la serie de personajes que en las siguientes, donde se ubicaban las fotografías con animales y los vídeos (estupendos, por cierto: pero hemos quedado que este apartado se dedicará a cuestiones frívolas, y ya habrá tiempo para profundizar en lo sustancial).



Cuando todos, retratados y no retratados, hubieron terminado de jugar, pasaron al espacio en la entrada dedicado al cóctel, que resultó ser algo pequeño para acoger a la multitud congregada. Es evidente que los organizadores no habían contado con el probado poder de convocatoria de Sourrouille. Siguiendo la moda (por decir algo) que se extiende en estos tiempos de crisis, el tal cóctel consistió realmente en una barra de bebidas frías y peladillas. Éstas, al menos, no sabían a rancio y servían para acompañar razonablemente a la cerveza y el vino. Pero, como a las 10 de la noche el hambre apretaba, el jolgorio se trasladó a la cafetería del restaurante, donde alguien había hecho correr la voz de que había pintxos Basque style. Justo antes, Ignacio Goitia consiguió que los celadores reabrieran una de las salas de la exposición y encendieran las luces para realizar una hiperpoblada foto de grupo: los que quedábamos por allí nos apiñamos como pudimos para entrar en el alcance del objetivo. No hay noticia de luxaciones ni de aplastamientos.

No nos habían mentido: había pintxos (a un módico precio) en la cafetería del Artium, y buenísimos, además. Nos abalanzamos sobre ellos como una banda de termitas sobre la madera seca. Los pobres camareros no daban abasto, y los clientes ajenos al show business nos observaban con curiosidad. Hubo vino, hubo jamón, hubo cava y refrescos. Hasta bailes de salón, hubo. A medianoche, los últimos rezagados corrían al autobús para seguir la fiesta en Bilbao, donde las informaciones que recibí hablaban de varios (esta vez omitiré los nombres) que llegaron a sus hoteles, sus casas o las de otras personas a las 10 de la mañana. Yo me quedé en Vitoria, cuya poco apasionante vida nocturna terminó llevándome a un kebap, donde degusté las habituales especialidades árabes en compañía del artista y de Luis Adelantado, un hombre incombustible del que cuenta la leyenda que jamás duerme. Qué suerte, sobre todo por la ventaja competitiva respecto al resto de la humanidad que eso supone.


Esto es lo que dio de sí la velada. En próximos textos, más información sobre la expo, que es lo importante. Pero, ¿qué hacéis, que no corréis a verla?

Más información:

http://www.artium.org/museo_exposiciones_a.php#abajo

1 comentario:

EDUARDO GAVIÑA MARAÑÓN dijo...

HOLA, soy Eduardo, también conocido por yogurinha borova y tu seguramente más por LA MUJER GATO, ....muchisimas gracias por incluirme en maravillosa CRÓNICA, ....fue todo un lujo estar alli, te lo digo porque eso fue lo que me comentó LA MUJER GATO, es increible, pero INCREIBLE con MAYÚSCULAS la exposición, ....LA MUJER GATO se quedó al final un poco ALUCINADA, un poco no, bastante alucinada y vio que alli no habia mucho que salvar sino su nombre, por lo que estubo tranquila y disfruto de la EXPOSICIÓN como si no hubiera visto nada igual en su vida......

le estoy empezando a editar el video, no va a ser una cosa en tono de humor porque no procedia pero si va a ser un pequeño homenaje a alguien tan increible como es EDUARDO SOURROUILLE

ta añado a mis blogs favoritos YA

besazossssss

de parte de Eduardo y de LA MUJER GATO