miércoles, 10 de septiembre de 2008

El caso Ocariz: la Crítica





El Palau Dalmases y una imagen del salón de baile con los maniquíes de la diseñadora




A inicios de esta semana, prometía una crítica sobre la exposición de Miriam Ocariz en Barcelona. No estaba previsto que el siguiente texto terminara en este blog, pero son cosas que ocurren. Allá va:







Coincidiendo con la pasarela de Moda 080, Barcelona ha dedicado una lujosa exposición a la diseñadora de moda Miriam Ocariz. Entre otras cosas, la ocasión ha servido para arrojar luz sobre algunos de los activos de la bilbaína que en la pasarela son eclipsados por otros méritos más obvios.


El caso Ocariz


Si se estudia detenidamente, el caso de Miriam Ocariz resulta bastante insólito: una diseñadora joven, íntegramente formada en Bilbao, ciudad alejada de los circuitos de la moda y de los centros de poder donde diseña y produce sus prendas que se venden no sólo en media Europa, sino también en lugares tan remotos e inaccesibles como Tokio o Nueva York. Empresaria con marca propia para la que siempre ha trabajado, exceptuando su etapa como responsable de la línea femenina de Armand Basi. Laboriosa artífice de una carrera que se ha construido a base de pasos breves pero decisivos, motivo por el que es hoy en día una de las presencias más respetadas de la Pasarela Cibeles. Todo ello apenas tres lustros después de haber exhibido sus primeros diseños e, incido en ello, manteniendo su asentamiento personal y profesional en la capital vizcaína. Pero la existencia de todo fenómeno, por insólito que parezca, posee unos motivos perfectamente lógicos que lo han originado y lo justifican. Cuestión aparte es que tales motivos sean o no evidentes. En el caso de Miriam Ocariz, una visita a Barcelona debería bastar para despejar cualquier duda que quede al respecto.


Por lo general, el perfil de los diseñadores a los que se dedica una exposición individual corresponde más bien al de un gran pope con varias décadas de notoriedad a sus espaldas, y el resultado acostumbra a tener algo de encorsetado y formulario. En esta línea todavía se mantiene en el Musée des Arts Décoratifs de París la retrospectiva dedicada al recientemente retirado Valentino Garavani, de indiscutible interés para los aficionados a la moda. En realidad lo que allí puede verse son varias vitrinas con grupos de maniquíes vestidos con diseños del modisto lombardo, organizados según convencionales reglas temáticas. El mensaje global que se transmite es que el estilo Valentino desafía a las modas, habiendo mantenido su vigencia sin apenas alterarse a lo largo de medio siglo. Para ese viaje no hacían falta semejantes alforjas.
La anormalidad del caso Ocariz, pues, prosigue con la organización de la muestra que nos ocupa. En primer lugar, no suele dedicarse una exposición a un creador de ropa que comenzó a vender sus prendas en los años 90. Tampoco deja de ser curioso que la iniciativa proceda de Barcelona, aunque es cierto que existen vínculos entre ciudad y creadora, gracias a su presencia en varias ediciones de la ya desaparecida pasarela Gaudí, así como al mencionado periodo Basi. Pero la mejor de todas las rarezas que concurren es el hecho de que la exposición constituya tal derroche de encanto y creatividad.


El Palau Dalmases, lugar que sirve de marco al evento, es un edificio señorial barroco construido a su vez a partir de otro medieval. Se trata de un inmueble rotundo, lleno de personalidad, cuyas especificidades han sido astutamente explotadas para la ocasión. Entre los aciertos más palmarios, un salón de baile cuyas paredes conservan sus antiguos frescos es ocupado por una treintena de maniquíes en diversas poses, mientras que en una diminuta capilla contigua se recrea una escena nupcial intimista y alucinada, intensamente bañada en luz fucsia. En total son siete las salas del edificio que se han empleado, y en ellas se realiza un completo recorrido que puede percibirse desde diferentes prismas, según la voluntad de cada cual. En primer plano, se representa con cierto espíritu didáctico el prodigio de la materialización de la creatividad, el tránsito de una idea surgida a partir de un magma algo confuso formado por las vivencias, el entorno y los deseos del autor hacia la pieza terminada, pasando por las diferentes fases técnico-creativas: diseño de figurines, estampados, selección y producción de tejidos, etc. Al mismo tiempo, se incide particularmente en la representación de un lenguaje propio, donde cada decisión de la meticulosa puesta en escena, cada mínimo objeto seleccionado para su exhibición, son representativos del complejo mundo de Miriam Ocariz. La atmósfera conseguida a partir del trabajo de iluminación y sonido (la música de Pascal Comelade resulta una banda sonora excelente, nada intrusiva) arrastra inevitablemente al espectador. Los curiosos no podrán pasar por alto la gran urna de cristal en la que un maniquí aparece semienterrado entre toda clase de objetos de diverso tamaño y naturaleza, guiño irónico al fetichismo de la diseñadora. Posteriormente, los prolijos estampados de las prendas se trasladan al papel pintado que recubre los muros de dos de las estancias, producido por la empresa Tres Tintas.

La originalidad y la belleza de los estampados son sin duda lo más conocido del trabajo de Ocariz, lo que no es extraño porque en ellos se ha apoyado desde sus inicios y ciertamente atraen la mirada de un modo natural. La exposición les reserva, por tanto, un generoso lugar. Sin embargo, al contemplar detenidamente las prendas, lo que se pone de manifiesto con mayor vehemencia es la ardua labor de patronaje sobre la que están construidas. De esta manera, se combina un vistoso aprovechamiento de las caídas de ciertos tejidos con una tendencia más o menos clara a remarcar las formas del cuerpo femenino con laboriosidad anatómica. Ocariz está lejos de ser una minimalista, y sin embargo no hay nada banal o superfluo en su ropa: cada lazo, cada jareta, pliegue, remate o botón dan la impresión de estar allí por algo, lo que habla de un rigor y un sentido de la coherencia extremos. El romanticismo que opera como denominador común de sus diseños posee, pues, un contradictorio sesgo racionalista, juego de opuestos en el que radica su auténtica fuerza. Las mujeres que Ocariz parece querer vestir no responden en absoluto a la tópica respuesta de diseñador que recae en la fascinante (e inexistente) semidiosa que, todo arrojo y decisión, toma un vuelo a primera hora de la mañana para asistir a un par de reuniones, deslumbra en un cóctel a media tarde y acuesta a sus hijos horas más tarde. La diseñadora bilbaína vestirá más bien a damas llenas de dudas y contradicciones, que sienten una necesidad irreprimible de expresarse (y se frustran porque no acaban de conseguirlo), y son capaces de albergar en poco tiempo todo el rango de emociones permitidas al ser humano. Por decirlo de algún modo, a ellas les ocurren más cosas, y mucho más excitantes, hacia dentro que desde afuera.


Todo esto se muestra con nitidez en esta exposición barcelonesa que se contempla con la misma entrega y el mismo embeleso algo aturdido con que se asiste a la ocurrencia de ciertos fenómenos naturales.

3 comentarios:

Heman Tours dijo...

Mi qerido Panotours, si visitando la exposición de Miriam me saltaban las lágrimas y me reía de pura emoción al descubrir maravillado cada una de las estancias de la representación apoteósica del universo "Katy" es decir de Miriam, con tu texto apasionado vuelvo a revivir, ahora desde la distancia, lo que allí experimenté.No entiendo como no te han publicado este artículo, con las tonterías y tópicos que se escriben sobre moda, es emocionante sentirse guiado con una visión como la tuya.Heman Tours

RAFAEL dijo...

Panotours: Fantástica Miriam, como siempre, y fantástica la crítica. Me ha encantado aunque nosotros no podemos ser objetivos. Tan solo un pero y es que ¿cómo que Nueva York y Tokyo son lugares remotos e inaccesibles para gente de mundo y sofisticada como nosotros? Jaja. Un beso.

Pano L dijo...

Gracias, chicos... Con vosotros sí que se puede ir de tour...
La no-publicación en el para el que fue medio originalmente escrito fue por casusas técnicas... Ya habrá otras ocasiones.