viernes, 28 de noviembre de 2008

Una alegría inusual

Ayer por la tarde me llevé una alegría inusual cuando supe que habían concedido el Premio Cervantes a mi escritor contemporáneo en lengua española preferido, Juan Marsé. Rara vez me emociono porque a alguien le den un premio: menos aún si a ese alguien ni siquiera lo conozco personalmente. Esta vez ha sido distinto, lo supe desde el momento en que, al escuchar la noticia en la radio que sonaba en casa, mi corazón dio un vuelco fulminante e instintivo, como cuando apartamos la mano al tocar por accidente un hierro ardiendo.

Muy pocos escritores me han procurado la emoción que contenían libros como "Ultimas tardes con Teresa" o "Un día volveré". El principio de la primera y el final de la segunda los releo a veces cuando creo necesitar una dosis urgente de belleza y sentimiento, y entonces mi dosis me es administrada de manera infalible.


"Si te dicen que caí" me parece un simple prodigio de lenguaje literario, de una creatividad compleja y musical. "El embrujo de Shanghai" era una delicia narrativa que Trueba arrastró por el fango en su sonrojante adaptación al cine. Otras novelas ligeramente menos logradas ("La oscura historia de la prima Montse", "Rabos de lagartija") sigo encontrándolas portentosas de todos modos.


Hay otros grandes escritores, también en lengua española, también contemporáneos. Creo que ningún premio concedido a ellos me habría llenado de semejante alegría instantánea. Después de mucho preguntarme a qué se debía esto, he llegado a una conclusión un poco dura de confesar: Marsé escribe como yo desearía ser capaz de escribir, y por eso de algún modo íntimo y secreto yo sentía que el premio me lo estaban dando a mí.

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