jueves, 4 de junio de 2009

En París: amigos, cuadros, rockeras burguesas, garden parties y la superación de la lucha de clases

La lucha de clases, dinamitada en el Loira. Si Carlos levantara la cabeza...


He pasado unos días muy divertidos y bastante agotadores en París. Debía estar allí para asistir a un par de reuniones de trabajo, aunque también he aprovechado la ocasión para visitar amigos y hacer vida social. Todo muy enriquecedor y muy agradable, a lo que contribuyó el fantástico tiempo reinante casi tanto como las personas con las que me encontré en la capital francesa.

Entre los momentos cumbre de la visita, destaca la inauguración de la última exposición de Ignacio Goitia en la Galerie 13 de Jeannette Mariani (36,Rue du Mont Thabor), que recomiendo vivamente. Enorme éxito social (acudió todo pichichi) y artístico (los nuevos dibujos y cuadros de Goitia son de lo mejor de su producción), amigos, sangría y cena en un restaurante asiático bastante especial llamado Dave. De todos modos, espero volver sobre este tema en un futuro texto de este blog.

La noche anterior se produjo otro gran momento, cuando un amigo (muy generoso) celebraba su cumpleaños invitándonos a cenar en el restaurante Anahí (en Rue Volta), un lugar al que hay que volver sin falta cada vez que uno viaja a París. No sólo porque la comida es excelente -no muy variada, pero de calidad inmejorable, y basada en la cocina de varios países latinoamericanos- y el comedor muy bonito y original -una antigua carnicería, muy tenuemente iluminada, con una fachada exterior que parece al borde del derrumbamiento-, sino por el espectáculo que durante y después de la comida uno puede encontrarse allí… o en el que puede terminar participando. Entre los clientes de Anahí uno puede encontrarse a las personas más diversas. Esta vez teníamos en la mesa de al lado, cenando con un amigo de aspecto insulso, a una señora inglesa que acaparaba varios de los códigos de la burguesía más tradicional: dos hileras de perlas en el cuello, tailleur azul marino con ribetes blancos, bolso acolchado de Chanel, melena pródiga en mechas rubias, acento inconfundiblemente high-class. Pues bien, aquella la dama burguesa, que parecía una versión británica de mi tía Lola, resultó no ser otra que la rockera y actriz Marianne Faithfull (me di cuenta en cuanto pude escuchar su inconfundible voz), con la que terminamos compartiendo unos cigarritos en la puerta del restaurante. En un momento dado, emergió de algún sitio indefinido el gran director teatral y cinematográfico Patrice Chéreau (responsable de una de mis películas favoritas de los últimos tiempos, “La Reine Margot”, a la que ya me referí en un texto anterior), que había dirigido a Faithfull en “Intimacy” -otra espléndida película-, y los dos se saludaron con un beso en los labios extrañamente civilizado.

Pero, aunque todo esto resultó bastante inolvidable, el verdadero gran momento del viaje había tenido lugar un día antes del encuentro con la señorona ex-rockera. El marco de lo que voy a contar era el jardín de un castillo de la región del Loira donde tenía lugar una larga y espectacular fiesta campestre a la que habíamos sido invitados por la dueña del inmueble, una mujer muy simpática cuya familia al parecer habita allí desde hace innumerables generaciones. Sobre lo sumamente bien organizada que estuvo la fiesta, su perfecta combinación de desenvoltura, magia y prodigalidad no tiene mucho sentido que me extienda: mencionaré en todo caso que sólo los franceses saben hacer estas cosas tan bien. Entre los invitados había muchos amigos de la organizadora, pero tampoco faltó el numeroso personal que vive y trabaja en alguno de los edificios que componen el castillo. En un momento dado, me encontré hablando precisamente con una de las personas que trabajan para la anfitriona. No entendí muy bien cuál era exactamente su cometido: sólo sé que lleva desempeñándolo desde que su empleadora era niña, y que durante las tres últimas décadas no se ha separado de ella. El lejano día en que fueron presentados por primera vez, la niña aristócrata y su aristócrata hermanito ejecutaron una reverencia ante la nueva sirvienta, lo que llenó a esta última de gozo, hasta el punto de que en aquel instante tomó la firme decisión de permanecer junto a aquella familia durante el resto de su existencia. “Y desde entonces” me aseguraba la buena mujer, componiendo una expresión de éxtasis beatífico quizá algo sobreactuada, pero que estoy convencido de que en esencia no era falsa, “mi vida ha sido un sueño". "Un vrai rêve!”, insistió después con cierta ferocidad fanática en los ojos, como si no me viera muy convencido (en realidad, yo estaba perplejo y fascinado).

Tuve entonces el convencimiento de haber asistido a algo en verdad memorable. Y no pude evitar el pensamiento de que, si Karl Marx hubiera podido sospechar que aquella escena post-lucha de clases iba a tener lugar sobre la faz de la Tierra un siglo y medio después de haber escrito “El Capital” con la inamovible certeza de que aquello iba a cambiar el mundo, posiblemente lo habría dado todo por perdido, trocando sus ambiciones de último profeta de la humanidad por una fatal adicción a los antidepresivos.

jueves, 28 de mayo de 2009

Realismo




Christophe Honoré (“Les chansons d’amour”, una peliculita mona a la que me referí en una entrada anterior de este blog) llevaba hace unos meses su última cinta, “La Belle Personne”, a la sección oficial del festival de San Sebastián, del que salió sin premio. Este último trabajo acaba de estrenarse en España sin ningún bombo, incluso de tapadillo, lo que es una pena porque se trata de una película muy bellamente filmada.


Su punto de partida ya concentra bastante interés: Honoré adapta “La princesse de Clèves”, de Madame de La Fayette, un clásico de la literatura francesa, escrito en el siglo XVII y tratado ya por el cine en varias ocasiones (hace unos diez años, en “La carta”, de Manoel de Oliveira), sólo que la acción se traslada a un instituto parisino de hoy en día. Al parecer, la operación fue pergeñada por Honoré como reacción ante un comentario despectivo de Nicolas Sarkozy (al que subyacía un clasismo aterrador) al enterarse de que el temario de unas oposiciones administrativas de bajo nivel incluía la novela de Madame de La Fayette. En realidad, toda la película parece concebida y puesta en escena como ataque a la idea de que lo sublime, lo simplemente bello, sea o deba ser patrimonio exclusivo de una élite social, intelectual o económica. Idea cuya valentía y pertinencia me parece que admite pocas discusiones.


La hiperestilización del mundo retratado, con unos adolescentes quiméricamente guapos y sensibles, supone un placer para los sentidos, y acoge con perfecta coherencia los estrictos códigos éticos y estéticos de la novela original. “La belle personne” si sitúa por este motivo en el extremo opuesto al realismo de “La clase” de Laurent Cantet o “L’esquive” de Abdel Kechiche (películas que encuentro excelentes, por otra parte), que se desarrollaban en entornos similares y además, en el segundo caso, empleando igualmente la coartada literaria.

En su estreno donostiarra, la película fue precisamente tildada de “poco realista”, bajo el argumento de que un adolescente actual jamás se expresaría con la pedante precisión de sus protagonistas, acusación totalmente absurda de tan irrelevante (¿desde cuándo el realismo es un imperativo en lugar de una opción?). En todo caso, la película resulta en todo momento coherente consigo misma y con sus arriesgadas premisas iniciales, lo que me parece digno de admiración. No se trata de una cinta perfecta (encuentro serios fallos en el desarrollo del personaje de Nemours-Louis Garrel), pero viéndola experimenté ocasionales ramalazos de emoción genuina, y su combinación de delicadeza y radicalidad perduran en mi recuerdo.


NOTA: Encuentro en la película otro motivo de admiración. El concepto del enamoramiento que retrata, concepto que ya estaba en "La princesa de Clèves", me parece sumamente original y contracorriente para los baremos que imperan en la actualidad. Frente al estándar que propugna la mezcolanza de amor-enamoramiento como salvador del individuo y de la Humanidad entera por extensión, la visión de Honoré-La Fayette se centra en el enamoramiento como enajenación pasajera potencialmente destructiva, un peligro del que conviene protegerse. Podrá o no estarse de acuerdo con esta tesis, pero situarla en el corazón de una película me parece hoy una opción llena de valentía... y un alarde de realismo.

Cenicitas


Little Ashes” (“Sin límites”, en España) es una coproducción hispano-británica dirigida por Paul Morrison, que hace una década fuera nominado al Oscar a la Mejor Película Extranjera por un filme ignoto e irrelevante llamado “Solomon and Gaenor”.

La película se basa en una historia conocida, la que resulta de la compleja relación de amistad y desencuentros entre Federico García Lorca, Luis Buñuel y Salvador Dalí, centrándose sobre todo en sus años universitarios en la madrileña Residencia de Estudiantes. Es de esperar que la guionista y el director se hayan documentado profusamente para realizar su trabajo: si es así, no se nota en absoluto, por lo descabellado no ya del retrato de los tres artistas en cuestión, sino de la España de la época en general, y el espíritu del grupo humano retratado en particular. De todos modos, ni siquiera el hecho de que Buñuel se nos muestre como un esnob y un fascista arrepentido a tiempo, que Dalí parezca más bien oligofrénico que excéntrico y que en Lorca no haya nada del irresistible, incomparable encanto personal sobre el que se ha escrito largo y tendido (Buñuel en especial, y de manera conmovedora) resulta lo más ofensivo de la cinta. Lo peor es su absoluta impotencia artística, su incapacidad para dotar a un solo fotograma de la inspiración de la verdad y la vida. De una planicie inaudita, la película parece dirigida por un funcionario: de hecho, en sus mejores momentos posee algo del look de una miniserie de la Televisión Española de los 80. En los peores, no se sabe muy bien lo que parece: aberrante secuencia en la que Dalí y Lorca, al verse iluminados por la luna llena mientras se dan un chapuzón nocturno en Cadaqués, parecen ponerse de acuerdo para ejecutar una extraña coreografía subacuática tipo “Escuela de sirenas” como preludio a un (hurtado) encuentro sexual.
Mención aparte para los actores, que están especialmente mal: sobre todo, el Robert Pattinson pre-“Crepúsculo” en la piel de Dalí, y Marina Gatell, que interpreta un personaje ficticio (pero basado en Margarita Manso) sobreactuando tanto o más que cuando protagonizaba la inenarrable serie “Lalola”.

martes, 26 de mayo de 2009

Agatha, te presento a Brüno...


Hace tres años se estrenaba en los cines de todo el mundo una farsa llamada "Borat", concebida y protagonizada por el cómico británico Sacha Baron Cohen, que obtuvo un inmenso éxito comercial, además de múltiples premios. Hubo quien reclamaba para Baron Cohen, incluso, el Oscar al mejor actor de aquel año por su interpretación de un repulsivo, reaccionario periodista kazajo de visita en el hedonismo desquiciado de los Estados Unidos.


Con "Brüno", de próximo estreno, se espera repetir el éxito gracias a un nuevo personaje, situado esta vez en el extremo opuesto al anterior: alemán y gay, el tal Brüno se siente plenamente integrado dentro del ámbito temático que le ha tocado cubrir -el proceloso mundo de la moda, la estética y los desfiles-, y la comicidad procede precisamente de esa delirante identificación. En el fondo se trata de un aggiornamiento del estereotipo a la Alfredo Landa en "No desearás al vecino del quinto" (o de los chistes de mariquitas de Arévalo), aunque cabe esperar que con más corrosividad y talento.


Del trailer, ya en la red, se deduce que el montaje definitivo de la película va a mantener la documentación de una acción llevada a cabo por Baron Cohen-Brüno cuando, en la Semana de la Moda de Milán, irrumpió en pleno desfile de la empresaria española Ágatha Ruiz de la Prada arrasando con todo lo que tenía a su paso. Hace poco leía una entrevista con la señora Ruiz de la Prada en la que ésta afirmaba no haber visto con muy buenos ojos que esto ocurriera, lo que me parece bastante poco verosímil. Primero, porque resulta improbable que la performance se llevara a cabo sin que mediara un previo acuerdo entre la productora de la cinta y la firma de moda. Y segundo, porque considerando la naturaleza del caso al que nos enfrentamos (una mujer que basa su éxito en la venta de licencias, y que se muestra particularmente orgullosa de haber irrumpido en el mercado de las puertas blindadas con sus diseños naïf), más bien nos la imaginamos poniendo velas a la virgen de su parroquia en agradecimiento a este providencial acto que va a situar su nombre y su logotipo en los cines y televisiones de todo el mundo dentro de muy poco tiempo ("Me chifla ir a misa", rezaba el titular de una entrevista en El Correo Español del pasado domingo. La propia diseñadora añadía después: "Encuentro que es lo más, una maravilla").

Ved el tráiler en cuestión, y opinad por vosotros mismos. Se aconseja particular atención entre los segundos 52 y 57:


domingo, 24 de mayo de 2009

Cannes, c'est fini

El jurado de Cannes 09



Bueno, pues ayer tuvo lugar la ceremonia en la que se concedían los premios oficiales del festival de Cannes 2009. No voy a hacer un recuento del palmarés, porque para éso ya están los diarios, y además llevo unos días dando la brasa con el tema: me limitaré a una breve valoración.

Ninguna sorpresa en cuanto a la Palma de Oro entregada a Michael Haneke por "Das weisse Band", de la que ya circulan en internet algunas imágenes de una fuerza notable. El director de "Funny Games", "La Pianista" y "Caché" consigue por fin un primer premio del festival que era difícil que se le escapara esta vez, siendo presidenta Isabelle Huppert. Por mi parte, sin haber visto la película, reconozco mi debilidad por el talento de Haneke.

"Un prophète" de Jacques Audiard, Premio Especial del Jurado, era la segunda favorita. Christoph Waltz, la revelación de "Inglorious Basterds" de Tarantino, contaba también entre los favoritos en el apartado de interpretaciones masculinas. Más división había en el de las actrices: el trabajo de Carlotte Gainsbourg en "Antichrist" de Lars Von Trier había sido alabado por algunos, mientras que otros lo consideraron simplemente histérico y risible. Giovanna Mezzogiorno y Penélope Cruz figuraban en muchas quinielas, pero no pudo ser.
Los premios concedidos al cine asiático han constituido la sección más sorprendente del palmarés. "Kinatay" de Brillante Mendoza o "Thirst"de Park Chan-wook tenían sus fans, pero también una amplia masa de detractores. La película china de Lou Ye, premiada por su guión, había dejado más bien indiferente a la mayoría. La apuesta asiática ha dejado fuera del palmarés a algunas de las favoritas más o menos de consenso, como "Bright Star" de Jane Campion, "The Time that Remains" de Elia Suleiman y "Los abrazos rotos" de Pedro Almodóvar. Salvo esta última película, aún no he visto ninguna de las que concursaban este año, así que no puedo valorar esta decisión. Pero, personalmente, no me parece mal que el jurado tenga un criterio propio y actúe en consecuencia. Por eso no entiendo los numeritos que a menudo monta la prensa cuando no se premia las películas que han designado como sus favoritas. Este año, Huppert y sus compañeros han tenido la astucia de nadar y guardar la ropa, reservando los premios gordos para quienes se esperaba, y utilizando el resto del palmarés para reflejar unos gustos personales e independientes. La verdad, no me parece una mala noticia.
NOTA: De todos modos, el mejor de los premios es el especial que ha concedido el Jurado Ecuménico (que haya un "jurado ecuménico" en un festival europeo del siglo XXI ya es en sí algo bastante exótico) a "Antichrist" de Lars Von Trier, por su misoginia. Al parecer, entre otras cosas, se incide en que el mensaje de la película sugiere que las mujeres son peligrosas para la humanidad, y que la quema de brujas que tuvo lugar en la Edad Media no fue una idea tan peregrina, al fin y al cabo. ¡Lars, ese genio del marketing!

sábado, 23 de mayo de 2009

Cannes: últimas películas a concurso

La prensa ha visto y juzgado ya las últimas películas a concurso del festival. "Visage", de Tsai Ming-liang ha tenido una acogida globalmente negativa, mientras que a "Map of the sounds of Tokyo" de Isabel Coixet la han recibido... aún peor. La crítica sobre lo último de la directora española aparecida en Variety no tiene desperdicio.

Así las cosas, y siempre si hay que hacer caso a los críticos internacionales, la Palma de Oro se la disputarían "Das Weisse Band" de Michael Haneke, "Un Prophète" de Jacques Audiard, "Los abrazos rotos" de Pedro Almodóvar, "The Time That Remains" de Elia Suleiman y "Bright Star" de Jane Campion.

Por otra parte, la película "J'ai tué ma mère", que narra la conflictiva relación entre una madre hortera y su hijo gay y está dirigida por un canadiense de veinte años (¡!) llamado Xavier Dolan, ha conseguido varios premios extraoficiales. La película e presentó en la Quincena de Realizadores con considerable éxito de crítica.

Mañana, el palmarés oficial.

viernes, 22 de mayo de 2009

Cannes:última hora

La película de Elia Suleimane "El tiempo que queda", presentada hoy a concurso en la sección oficial del festival, se sitúa claramente como otra de las favoritas a la Palma de Oro. Como era de esperar, a lo último de Gaspar Noé le ha pasado todo lo contrario: principal candidata al premio al mayor bodrio del certamen.